miércoles, 12 de octubre de 2011

Anexo al paso tres: Clara.

[Aquella mañana Clara se había levantado con dificultad de la cama, como todas las mañanas desde que tenía memoria. Tenía una enfermedad rara de los huesos, le dolían mucho y se le rompían con facilidad. Además solía tener migrañas muy fuertes que la dejaban días enteros en cama. Ese día sin embargo no había migraña. Sólo dolor en todo el cuerpo. Tenía escalofríos constantemente. Aquello era normal. Clara se vistió y fue a maquillarse un poco. Aunque no fuera a ir a la boda de su hermana, quería verse bien. María se casaba en unas horas con un hombre al que ella detestaba. Su hermana pensaba que ella mentía cuando decía que Sergio había intentado violarla, que se lo inventaba para llamar su atención. Pero ella no mentía.


Una noche, Clara había ido a cenar a casa de María y Sergio, y ellos habían bebido bastante vino. Clara no bebía porque no podía mezclar alcohol con la multitud de pastillas que tomaba cada pocas horas. Cuando María no podía más, se acostó y los dejó a ellos hablando sobre política y otros temas que a Clara le apasionaban y que María detestaba. Habría pasado una media hora cuando Sergio intentó besarla por sorpresa. Clara le paró y le dijo que no volviera a hacer eso, que ella no sentía absolutamente nada por él y él no debía sentir nada por ella tampoco. Sergio no parecía entenderlo. Deslizó sus manos por debajo de su falda y Clara intentó levantarse del sofá, pero era inútil. Sergio la agarraba con muchísima fuerza y le mordía el cuello y el pecho. Clara gritaba mucho, pero por alguna razón María no se levantaba. ¿Cómo podía tener un sueño tan profundo? ¿Acaso lo estaba oyendo y dejaba que pasara? Empezó a llorar y Sergio se puso encima de ella. Se desabrochó el pantalón y le subió la falda. Clara vio la oportunidad y le pegó una patada justo en  la entrepierna. Sabía que si salía bien podría huir. Él se retorció de dolor y Clara aprovechó para salir corriendo, dio un portazo y corrió por la calle sin mirar atrás durante mucho rato.
Al día siguiente, Clara quedó con María en un lugar céntrico. Le dijo que cancelara la boda y le explicó lo que había pasado con Sergio, pero ella no la creyó. ‘¿Estás loca? ¿Intentas decirme que Sergio, ese hombre amable y bueno que se preocupa tanto por ti, hizo todo eso? Clara, reflexiona un momento. Tomas muchísimas pastillas para aguantar el dolor, y quizás hayas tenido una pesadilla o una alucinación… ¿No crees? O quizás malinterpretaste algo, no sé. Piénsalo bien, Clara. Sergio no puede haber hecho eso’. Clara no podía dar crédito a lo que oía. ¡La estaba llamando loca! ¡No la creía! Ella sabía lo que había pasado, ¡no era mentira!¡Sergio había intentado violarla!  ¿Por qué no la creía? ¡¿Por qué?! ‘Clara, mira, no quiero decir esto pero voy a hacerlo. Desde el día que conocí a Sergio, me has mirado diferente. Siempre habíamos sido tú y yo, apoyándonos en todo y viviendo juntas, bajo el mismo techo. Pero… yo tengo que hacer mi vida, ¿sabes? Siempre estaré contigo, pero quiero casarme, y quizás algún día tener hijos. Y Sergio me quiere, ¿por qué no puedes aceptarlo y dejar de inventarte historias? Me voy a casar, aunque a ti no te guste. Así que deja de mentir y alégrate por mí’. No, no, no, ¡no! ¡No era eso! ¡Mierda! ¿Por qué su propia hermana no confiaba en ella?  Clara se enfadó tanto que salió de la cafetería donde estaban y cogió el primer autobús que pasó. No volvió a hablar con María.
Ésa era la razón por la que Clara no iba a ir a la boda de Sergio y María. Tenía un plan completamente diferente para ese día. Se iba de compras al nuevo centro comercial. Había pasado ya varias veces por delante y aquél parecía un día perfecto para comprar un montón de cosas para ella y para su gata Lady Di.
Salió de casa sobre las 12. No le gustaban las aglomeraciones de gente, porque ella andaba despacito y le gustaba disfrutar de lo que veía, sin prisas ni agobios. Llegó allí y entró en una tienda preciosa, como de joyas antiguas y accesorios de segunda mano (a ella  todo aquello la fascinaba). Estaba mirando un colgante de oro que tenía escrito algo... Casi no se veía, pero bajo la luz parecía que ponía… “Para María. Verano de 1942. Qué bonito. Pensó en comprarlo por si algún día se reconciliaba con su hermana. Sería un buen regalo. Pensar en regalarle algo a María la hizo llorar un poco, pero nadie en la tienda se dio cuenta. De hecho, la dependienta no se daba cuenta de nada, porque estaba discutiendo a gritos con un chico. ‘¡Vuelve conmigo, por favor! ¡Olvídate de ese quinqui y vuelve a casa, conmigo! ¡Venga nena, vamos! ¡¿Con quién vas a estar mejor?!’. Cuando la chica respondió ‘con cualquiera’, él empezó a gritar como un loco. ¡Daba vueltas por la tienda gritando y tirándolo todo! Clara se asustó muchísimo, e intentó salir de la tienda, pero él le barró el paso. ‘¿Dónde te crees que vas tú?’ dijo enfurismado, y la cogió por el pelo y la puso al lado de la dependienta. Ella activó la llamada de emergencias que conectaba con la policía. Cuando el chico se dio cuenta de lo que había hecho se puso frenético y sacó una pistola de la chaqueta. ¡Dios mío! ¡¿Cómo iba a salir de ahí?! ¡Aquel tipo tenía una pistola! De repente, el chico apuntó a su novia desde detrás del mostrador y Clara intentó protegerla. Se agarraron y se agacharon. Oyeron los pasos lentos de aquel loco acercándose a donde estaban ellas y, cuando Clara levantó la cabeza para ver qué pasaba, se encontró de morros con él.
‘Puta’. Y disparó a Clara en el corazón.]

1 comentario:

  1. Madre mía cuanta adrenalina e intensidad! Aunque lo de la gata Lady Di, ese detalle, ese me hace reconocer a mi linda gatita Irina, porque el resto del thriller me hace decir: ¡hija míaaaaa!

    ResponderEliminar