domingo, 9 de octubre de 2011

Paso dos.

<<... y la música inundaba por fin sus oídos. ¿Cómo había podido dudar? Eso era lo que quería. Miró al frente y empezó a andar, con los niños a pocos metros delante suyo. A su alrededor la gente se asombraba de lo preciosa que estaba ella, de lo ricos que estaban los niños, de lo joven que se veía a su padre... Era un momento feliz. Llegó al altar y, antes de subir, dirigió una última mirada a su padre. Su padre asintió, como aprobando lo que estaba a punto de pasar, y se sentaron todos.
Sergio y María miraban al padre Felipe mientras iniciaba su discurso. 'El amor es la prueba más evidente de que Dios existe', dijo. 'Cuando llego aquí cada domingo por la tarde, y veo a una nueva pareja, que se ama y se respeta con tanta profundidad; mi corazón se detiene, observa lo que pasa y da gracias a Dios por este maravilloso milagro que es el amor'.
Vaya, el padre Felipe empezaba fuerte. Ella hubiera preferido un discurso más austero para la ceremonia, pero aquel cura de treinta y dos años, alto y rubio, parecía haber nacido para improvisar discursos lacrimosos en cada boda, bautizo o entierro. María pensaba que podría haberse dedicado a la política, o al teatro, o a la literatura. Ella no sabía bien si creía en aquel amor tan profundo del que hablaba el padre, al menos ella no lo había sentido nunca. Su amor por Sergio era algo mucho más banal, y se podría decir que se casaba con él porque era lo que tocaba en aquel momento. Aun así, Sergio era una buena persona. Se ocupaba de las cosas de la casa y la dejaba tranquila siempre que ella lo necesitaba. Pero también era muy obsesivo, cuando quería algo lo conseguía. Cuando le pidió que se casara con él, parecía tan decidido que le dio un poco de miedo decir que no. Allí mismo, en el altar, todavía se preguntaba qué hubiera hecho si María hubiera dicho 'no'. En fin, eso nunca lo sabría. Había dicho 'sí' desde el primer momento. María no era tonta, y podía ver sin ayuda de nadie que Sergio era un buen partido. Convencida de que no encontraría nada mejor, dijo que sí y allí estaban.
El discurso del cura proseguía su camino y la mitad de los invitados ya estaban llorando a moco tendido. Cuando se dio cuenta, el cura ya pronunciaba las palabras finales de su discurso: 'Que los novios se levanten, por favor'. Se levantaron. 'Vamos a proceder. María, ¿tomas a Sergio como tu esposo y prometes amarlo y respetarlo, protegerlo ante todo y dedicarte sólo a él, todos los días de tu vida?', y ella dijo 'sí'. Lo mismo para él, y luego fue el beso. La gente lloraba y aplaudía, y María se preguntaba a qué venía todo aquello, si en tres años de relación nadie les había aplaudido ni una sola vez. Salieron de la iglesia atravesando un mar de pétalos y arroz, se subieron al coche y pusieron rumbo al restaurante.
En el coche, Sergio cogió el móvil y se excusó porque tenía que hacer una llamada muy importante. Esto fue lo que oyó María: 'Sí, sí. Ya está. Sí, gracias. Sí, sí, pásamelo. Hola abuelo, acabo de salir de la iglesia. Sí. Tranquilo, no pasa nada, hay muchas fotos. Sí. Sí, ponme con Jaime un momento. Cuídate. Jaime, ya puedes ponerlo a mi nombre. Sí, gracias. Nos vemos'. María se preguntaba por qué llamaba con tanta urgencia a su abuelo, que estaba enfermo y vivía fuera del país. No es que tuvieran mucha relación. ¿Y qué sería eso de 'ponerlo a su nombre'? Preguntó. 'Son unas propiedades de mi abuelo. No sabemos cuánto le queda, y como mi padre no vive, yo soy el heredero directo'. ¿Cómo? ¿El heredero directo? No entendía nada. Y fuera lo que fuera, ¿era tan importante que debía hacerlo el día de su boda? 'Déjalo Mari, ahora ya está. Como nos hemos casado, tengo acceso al patrimonio de mi abuelo y lo he puesto a mi nombre, para evitar complicaciones si muriera'. No estaba segura de lo que estaba diciendo, pero le parecía intuir que Sergio estaba haciendo una importante revelación: ¿no tendría acceso al patrimonio si no estuviera casado? 'Exacto. Pero ahora ya está nena, no lo pienses más y disfruta del día'. María estuvo el resto del trayecto callada, pensando. 
Llegaron al restaurante y comieron, bebieron y bailaron. Cuando la noche estaba a punto de terminar, fue a un sitio tranquilo y le preguntó a Sergio: '¿Te has casado conmigo para poder poner las riquezas de tu abuelo a tu nombre?'. Obviamente, la respuesta fue que sí. Que más o menos, porque él la quería, y él quería lo mejor para ella, y lo mejor para ella es que él lo heredara todo. María entendió por fin todo. Le entendió a él, entendió sus llamadas, entendió su rapidez para casarse, entendió todo.
Acabó de disfrutar de la fiesta y luego se marchó al hotel, donde descansó como nunca en una habitación carísima junto a su ya riquísimo marido, y pensó: 'creo que me podré acostumbrar'.   

3 comentarios:

  1. mooooooola, no tendrá amor pero tendrá dinierro dinierro suuusio !!! me gusta mucho también!!

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  2. Gracias carla mylove! es más realista, la mujer coge el dinero e intenta ser feliz! dinero susio es buena opsión, si siniora!

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  3. No sé si és més trist aquest final o el primer XD Ja toca un final feliç, no? jeje
    Molt chulo!!!!!!!! :)

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