domingo, 11 de diciembre de 2011

Paso nueve.

María se acercaba al altar junto  a su padre. Él estaba mucho más nervioso y tenso que ella. Parecía que se desmayaría de un momento a otro. María sin embargo aguantaba la compostura, en ese momento no podía pensar en otra cosa que no fuera su bebé recientemente  engendrado.
 ¿Y Sergio? ¡No recuerdo haber amado a ese hombre jamás!  ¿Qué hago aquí? Ufff, respira… Se decía a sí misma. Y se acordó de la maravillosa noche que se escapó de casa cuando tuvo una fuerte pelea con Sergio. Esa maravillosa noche, ese maravilloso hombre…que le acompañó en esa noche helada. Esa noche de pasión había dejado huella en ella, pero no se arrepentía de nada.
Es lo único de lo que no se arrepentía.
Casarse con Sergio significaba una casa, comida, todo lo necesario para ella y su bebé, si no se casaba seguiría siendo pobre y lo acabaría pagando caro. No quería vivir en la calle… claro.
Pero no podía dejar de pensar en los besos de Rodrigo, largos, intensos y calientes. Eso era lo más próximo al amor que había sentido jamás… Y ese pelo rizado que se le enredaba en las manos… No. No se arrepentiría de eso jamás.
Ya estaba en el altar. ¿Cuánto rato llevaba ahí? No era consciente del tiempo. Miró a Sergio y le entraron temblores. Nunca me había dado cuenta de lo feo que es, pensó.
Ojalá el bebé se parezca a Rodrigo…
El cura acabó el sermón. Ya era la hora.
Justo cuando iba a decir el ‘sí ,quiero’ alguien abrió la puerta y apareció él.  La gente se giró y pusieron todos cara de perro muerto. Después instintivamente miraron a María y le dedicaron la misma cara.
-          ¡Nena, no tienes por qué hacer esto! ¿Acaso te conformas con el polvo de la otra noche? Venga, ¡baja de ahí y vámonos! – dijo él con su característica sonrisa pícara.
Iba con un traje negro, camisa blanca, y bambas. La moto rugía con impaciencia ahí fuera. Con una mano sujetaba un casco rojo que, por lo que intuía, era para ella. Sergio agarró a María por el cuello y sacó un cuchillo del zapato. La gente se alzó pero no se movieron, movilizados por el miedo.
-          ¡María es mía! ¡Quien se atreva a interrumpir esta boda acabará muerto! Y si es ella quien la interrumpe…  - se giró hacia su cara y le susurró al oído – será ella quien muera…- Y con su lengua bífida le lamió la oreja.
-          ¡Hijo de puta! ¡Basta! – Rodrigo se acercó, pero Sergio le hizo un gesto para que retrocediera.
Con el cuchillo rajó el vestido por la zona del vientre de María, que quedó al descubierto. Lo sabía. Sabía que estaba embarazada. Y quería matar al bebé. Algo cambió en el rostro de María, pasó de la impotencia, la tristeza, la desesperación; a la fuerza, a la supervivencia. Sus ojos se enrojecieron, sus músculos se tensaron, sus piernas dejaron de temblar. Con un movimiento fugaz agarró del brazo a Sergio, cogió el cuchillo y lo lanzó a lo alto de la iglesia, saliendo así por el vitral central, haciendo que llovieran colores por encima de sus cabezas. La gente miraba la escena maravillada.
-          Se te ha acabado el chollo, hijo de puta.
Y de un golpe en la rodilla le rompió la pierna. Ese “crack” tan espléndido y directo maravilló a María. Aunque le gustó más los gritos incesantes de Sergio. Pero no había acabado con él. Con el vestido cada vez más roto, cogió a Sergio de los brazos, lo alzó y lo lanzó al público. Destrozó un banco y la gente que estaba en él acabó herida. Semidesnuda, se quitó los horribles tacones que llevaba. Con los pies desnudos podía sentir mejor su libertad.  Se acercó a Rodrigo, lo besó con pasión, lo cogió en brazos y se lo llevó fuera de la iglesia. Y se liberó para siempre.

Escrito por Momoiro Shiro para París es una fiesta.
¡Espero que os guste!


2 comentarios:

  1. ese tal rodrigo me recuerda un poco al lobico de crepúsculo con su moto rugiente! aunque por la fuerza de maría podríamos decir que es un poco vampira y zorriya

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  2. no pq tiene el pelo rizado, jacob liso xD

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