domingo, 11 de diciembre de 2011

Paso ocho.

… María se enfureció cuando vio a los invitados levantarse. Los miró a todos, uno por uno, y no puedo evitar pensar que, si no fueran familia, amigos, conocidos, ex amantes o parecidos, le gustaría matarlos.
Con la ira acumulándose en su interior era difícil pensar, pero debía hacerlo. Se giró hacia su madre y susurró: Pórtate bien y haz lo acordado. Saca a papá de aquí. Su madre tenía la frente empapada en sudor, pero no hacía calor. De hecho, era uno de los días más fríos de su vida.
Anduvo lentamente hacia el altar. Tragó saliva varias veces y miró a Sergio. Ese ser repulsivo estaba gozando cada minuto de su tortura. Sergio aprovechó el momento en que todo el mundo miraba a la novia para pasarse la mano por la entrepierna y enseñarle la mano abierta a María. En esa mano estaban los anillos. Cabrón.
En fin, era mejor hacerlo ya o se estropearía todo. María llegó al altar y escuchó con impaciencia el sermón del cura. Miraba de reojo a su compinche entre el público cada dos por tres, intentando parecer disimulada. En el momento de intercambiar los anillos, María supo que era el momento.
María cogió fuerte la mano de Sergio para que no pudiera escapar y le miró a los ojos.
-          ¿Qué vas a hacer? – preguntó él bajito.
-          ¿Tú que crees, querido?
-          No te atreves a matarme. Eres una puta, una puta muy cobarde.
-          No lo soy. Ya no.
-          ¿Quieres que le cuente a todo el mundo a lo que te dedicabas en la ciudad? Puta, más que puta.
-          ¡Calla, no quiero oírte más! ¡Ya no tengo miedo! – levantó la vista hacia el público. Se calmó un poco. – Isa, ven aquí, amor mío. Ya no hay nada que temer. Ya no tengo miedo.
El público estaba paralizado. Parecían estar contemplando una obra de teatro. Isa corrió al altar y rodeó a María con los brazos. Miró a Sergio y le gritó:
-          ¡Ya no tenemos miedo! – Se notaba rencor en su voz.
-          Os arruinaré la vida si continuáis. Parad esta tontería.  – Sergio estaba ahora realmente nervioso. María no esperó más. Le apuntó con el revólver a la cabeza. Sergio temblaba más y más hasta que le fallaron las piernas. Desde el suelo, sin levantar la cabeza, dijo:
-          Te quiero, María... Siento todo esto… No quería… Lo siento. – Pero todo era mentira. Todo sonaba a mentira porque Sergio sudaba como un cerdo y María no tenía tiempo ni ganas para aguantar aquello.
-          ¡¡Calla!! – La bala cruzó la cabeza de Sergio más rápido de lo que se puede describir. En menos de un momento, su expresión de terror se volvió inmortal.
María se aferró a los brazos de Isa y empezó a llorar. Luego la besó con desesperación, como si nunca antes la hubiera besado. Cuando se hubo calmado, se giró al público. Mucha gente había corrido a socorrer a Sergio, otros lloraban en sus asientos, otros miraban fijamente hacia delante como si esperaran que se reanudara la ceremonia. El Padre estaba petrificado en el altar. Isa se acercó a él, pero no consiguió que hablara. Movía la barbilla rítmicamente como si intentara decir algo, pero no salía ningún sonido de su boca. Con esta expresión bajó del altar y se fue hacia su celda, en el piso de arriba de la pequeña parroquia. Tropezó varias veces, pero Isa lo ayudó a llegar hasta su habitación entero.
María seguía contemplando el escenario. Sonreía en paz. Ya no tendría miedo nunca más. 

3 comentarios:

  1. Por fin sabemos quien es Isabel, esperaré con ansia la próxima entrega!

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  2. me encanta! la palabra puta aparece tantas veces... es ideaaaaaaaaaaaaaaaaal

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