viernes, 29 de junio de 2012

Paso diez.


Tonight I wanna give it all to you
In the darkness
There's so much I wanna do
And tonight I wanna lay it at your feet.

María miró a su alrededor una última vez y avanzó segura hacia el altar. Si algo de bueno tenía todo aquello es lo mucho que algún día se reiría. 
Todo el discurso, las miradas, el sudor. La iglesia olía tan mal. El traje de novia le apretaba por todos lados y los zapatos le habían hecho llagas. Un poco podía entender cómo se sentía Cristo allí arriba. 
¿Qué tal amigo? Sí, sí, te entiendo. 
Se hacía largo e interminable, pero miró a Sergio a los ojos y pensó en lo mucho que algún día se reiría de esto. 
Cuando salieron la gente se apelotonó en la puerta, todos querían disparar sus dardos de arroz que hacen explotar a las palomas. Consiguió sonreír bastante y ser amable con todos. El coche que los llevaba al restaurante era largo, negro, un ataúd. Y al llegar tuvo que escuchar discursos, brindis, felicitaciones y demás tonterías que nadie sentía y a nadie le interesaban. Pero pacientemente esperó y pensó que se reiría mucho, sí. 
Por fin llegó el gran momento. María cerró la puerta y ajustó bien todas las ventanas. Comprobó que las habitaciones contiguas estuvieran vacías, como ella había pedido expresamente. Todo en orden. 
- ¿Va todo bien? ¿Vienes a la bañera?
- Sí, ya voy. - pensó en reírse en ese momento, pero no. Se suponía que tenía que ser romántico. 
Abrió la maleta y repasó su equipaje: una preciadísima colección de cuchillos de cocina que ella había colocado entre los regalos de boda. ¿Quién iba a sospechar? ¿La novia quiere llevarse un regalo en su viaje de bodas? Claro, que haga lo que quiera. 
Todas las lámparas estaban apagadas y sólo entraba la luz de una farola de la calle a través de la ventana. Iluminaba el acero de los cuchillos y brillaba. Estaban tan limpios que pudo ver su propia cara reflejada en ellos. Su cara quemada y deforme. Su único ojo útil. Su boca que siempre sonreía un poco más de lo que a ella le gustaría. Deslizó un dedo por el cuchillo y brotó un poco de sangre. A veces necesitaba comprobar que seguía siendo humana y no un animal amorfo. 
- ¡Pero ven ya, que el agua se enfría!
- Sí, ya voy. Voy. 
María se puso un picardías blanco de satén y se sacó los zapatos. 
- Voy.
Cogió los dos cuchillos más grandes que encontró y se los llevó con ella al baño. Se acercó y le besó en la espalda. Se miraban los dos al espejo. María sonreía. 
- ¿Sabes qué es lo único bueno que hemos sacado del accidente? 
María le miró y esperó a que respondiera varios segundos. 
- Que ahora, siempre, siempre me sonríes. Nunca volverás a estar triste.
Lo apuñaló diez veces en la cara. Le clavó hondo cada vez, una en un ojo, una en la nariz, una en la boca... Luego le cortó las cejas, las orejas, le arrancó todos los dientes mientras aún estaba consciente. Le atravesó el cráneo, y cuando tuvo el cuchillo bien hundido, removió para masacrar su cerebro. Cuando hubo terminado con la cara, le apuñaló el corazón. Luego le amputó piernas y brazos. Metió su cuerpo descuartizado en la bañera, el agua se estaba enfriando. Ella se metió luego. Conectó la cadena de música y encendió una vela. 
Era el paraíso. 

There's so much I wanna do
And tonight I wanna lay it at your feet.

jueves, 28 de junio de 2012

El intermedio termina pronto.

Sólo quiero anunciar que debido a los exámenes y demás asuntos he tenido esto abandonado, pero en julio vuelvo con más fuerza y más historias. Y sí, con los pasos que todavía nos quedan.
Invito a enviarme ideas desde ya.
Saludos parisinos.