martes, 9 de octubre de 2012

Laberinto


Alicia ha decidido construir un laberinto para perderse. El bosque a secas es aburrido, desnudo y frío. La humedad se la come hasta los huesos y para eso quiere el laberinto. Una vez dentro, las paredes la protegerán del exterior, los vientos y las borrascas se quedarán fuera de alcanzarla, las voces acusadoras, las más benevolentes, todas fuera. Quién las quiere, quién las necesita. Cuando llegue el invierno no se morirá de frío bajo las capas y capas de nieve que pronto la cubrirían. Estará salva en su laberinto. Quizás no sea valiente, quizás no se la recuerde luchando con los demás en el bosque, dando su vida por ideales que no entiende. Alicia se cobijará en su laberinto de altísimos muros, allí permanecerá todo el invierno y cuando el frío glacial haya pasado, saldrá y se paseará por el bosque, sembrado de cuerpos de aquellos que intentaron ser más que el frío. 


¿Y si no consigue salir? 
Bueno, es un laberinto, no sería tan raro.

- Gatito de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
- Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.
- No me importa mucho el sitio... - dijo Alicia. 
- Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes.

Sobadísima cita, pero me es muy necesaria.


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