sábado, 20 de octubre de 2012

Miedo

La niebla se espesa, lentamente, se cuela en los pulmones, lo hiela todo. El bosque se queda vacío. Todo está tan quieto. Siento un miedo tan profundo que no hay manera de dar un paso adelante. La niebla está en mi cabeza, lo ha poseído todo, es como una enfermedad. Los lobos aúllan, todo se queda más y más quieto. Sosiego absoluto. Nos rodean poco a poco, no hay prisa alguna porque no hay nada después de este momento. Es sentir el miedo, vivirlo, tocarlo si puedes. Alargo la mano, miro hacia delante. Tiene rostro, expresión, y se está riendo. No tiene piedad porque es valiente, y la muerte no es nada para él. ¿Él? Él puede morir a cada instante, nunca pisa sobre seguro, conoce y ama el riesgo desde lo más profundo de su sentido existir. ¿A qué puede temer el miedo? A nada. Se ríe tan fuerte que me tengo que tapar los oídos. Que se calle, por favor. Voy doblegando mi cuerpo y disfruto el frío. Es una tortura de lo más agradable. Las hojas escarchadas, las pisadas que las quiebran, son como una canción nocturna. Puedo oírla, apreciarla. Oh, es una música tan preciosa. El miedo me envuelve por completo y me engulle, y una vez dentro ya sólo hay oscuridad.

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