lunes, 26 de noviembre de 2012

Reflexiones después de la noche electoral


No suelo escribir sobre política porque prefiero dejar eso a los expertos, que por algo lo son. Sin embargo, puede que el momento lo merezca. Así que allá voy. Y mi primera pregunta es: ¿cómo puede alguien que no entiende lo que es la libertad, que ha vivido siempre en la forma del imperialismo aplastante (pongamos que hablo de España), juzgar al pueblo que desea ser libre por encima de todo? ¡Por encima de todo! Por encima de derecha o izquierda, de políticas sociales o económicas, de ecologismos, de corrupción política o líderes pobres. A todo eso, el pueblo catalán ha superpuesto su soberanía, su derecho de autodeterminación que como país tiene y que ya viene siendo hora que le sea administrado. ¿Cómo puede este imperio apagar una llama de libertad que quema tan viva? Siempre he pensado que la tragedia del hombre que conoce la libertad es que no aceptará jamás la esclavitud, por muy impuesta que le venga. Y sin duda es una tragedia, porque eso le hará infeliz para siempre; pero es una tragedia necesaria, ya que le impulsa a no conformarse, a buscar un mañana mejor, más libre. Y eso precisamente pasa con Catalunya. Es un pueblo que HA SIDO libre (por mucho que se intente deformar la historia últimamente) que sabe cómo se ensancha el espíritu cuando uno toma sus propias decisiones. Quizás sea algo que pueda pasar por irrelevante, en estos momentos de aguda crisis económica y social, pero, ¿no han sucedido los mayores cambios siempre en épocas de crisis? La revolución francesa dio por acabada una monarquía décadente donde las hubiera, porque el campesino se moría de hambre y frío. La revolución rusa consiguió que los soldados se giraran hacia sus superiores y fusilaran a sus zares, porque la gente se moría de hambre y frío (mucho, mucho frío). La guerra que libraría a los americanos de los británicos sólo se acabó produciendo por la injusticia en la que vivían sometidos, por los impuestos, por el maltrato, por la explotación (does this ring a bell?). Puede que finalmente haya llegado el momento, que sí sea la crisis el tiempo adecuado para una transición hacia un país más justo, más libre y más moderno al fin y al cabo. No digo con esto que tenga esperanzas en que el proceso hacia el autogobierno vaya a ser satisfactorio, pues yo sí sigo desconfiando mucho de los títeres que hay en el Parlament; sin embargo, creo que es ahora o nunca. 
Los catalanes han hablado, hágase en ellos según su palabra. 

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