domingo, 9 de diciembre de 2012

Y si caigo


Cada vez que abras una ventana y pongas un pie fuera, cuando estés asentada en la repisa y mires atrás, veas el fuego abrasador que te persigue, alguien desde abajo te gritará: “¡No tengas miedo! ¡Salta!”. 
Más te valdría que te quemara el fuego entera, porque cuando alcances el suelo no habrá nada para detener la caída. Y tus sesos quedarán esparcidos por el asfalto, todo el mundo preguntará: “¿Pero por qué demonios saltó? ¿Acaso no vio que no había nada abajo esperándola?”. 
Sin embargo, siempre nos parece oír esa voz, clara y nítida, y nos da miedo el fuego que hay en la mirada de los que están arriba, gritando, es como un infierno y parece que nos quiera arrasar, ¿verdad? Y oímos esa voz, y la creemos. “¡Salta”, y saltamos. ¿Y sabéis lo que pienso? Una vez más, que mejor quedarse y arder, que caer y partirse en mil pedazos. 

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