domingo, 20 de octubre de 2013

Inspección

No pienses que es fácil para ellos saber lo que piensas. Dan vueltas sobre tu cabeza e intentan perforarla, pero es dura como el acero. Le dan golpes, golpes, golpes. Casi se puede oír cómo se quiebra, pero no. Intuyen algo de lo que pasa por tu mente, porque tus ojos te delatan aunque no lo quieras. Y cuando tiemblas, ligeramente, y se humedecen (un poco) tus ojos, ellos se percatan. Anotan en su libreta: “Está llorando”. Obviamente no estás llorando, quizás solo un poco emocionado por la experiencia de vivir. Ellos no entienden de matices, así que o eres feliz o eres desdichado, y hoy por hoy sólo ven que lloras. Su entender de las cosas es poco sutil, no comprenden por qué un hombre medianamente feliz como tú tiene escalofríos mirándose al espejo ni por qué te resbalan unas lágrimas. Anotan en su libreta: “Está llorando”. Y luego hacen lo posible por abrirte el cráneo y llegar a conocer los motivos de tu desdicha.

Elle est retrouvée.
Quoi? – L’Eternité.
C’est la mer allée
Avec le soleil.

(L'Eternité - Arthur Rimbaud)

miércoles, 16 de octubre de 2013

Muerto

Ha vivido una existencia más o menos mediocre. Se compara, al final de su vida, con aquellos grandes a los que la historia presta su nombre. Barre sus ambiciones y las recolecta, piezas para siempre de un muestrario de fracasos. No es feliz. No lo era antes, lleno de energía, listo para desperdiciarla en aquello que no valía la pena, y no lo es ahora, ya fatigado, y deseando volver atrás. No es nada, el polvo que se acumula en los estantes vale más que su cabeza, vacía, frustrada, inútil. Intenta imponer orden en su casa pero ya nadie le escucha, se dice que está senil. ¡Qué disparate! Más cuerdo que nunca está. Listo para la batalla de la mente, a la cual no había prestado mucha atención hasta entonces. Ocupado con el cuerpo y su manutención, no se había preocupado de lidiar con sus miedos y esperanzas día a día. Hay mucho trabajo acumulado. Llora y llora, cuando nadie le ve, y cuando le ven grita, y pega, y patalea. Se agarra esas carnes viejas de su rostro y le ahoga la ansiedad, no le queda tiempo. Se estira del pelo, poco y mal puesto, grasiento, abandonado de los cuidados de un hombre digno. Corre hacia el respirador, inhala profundamente. El aciago olor de la mascarilla empieza a irritarle, se pregunta por qué no olerá a cualquier otra cosa que no sea a un maldito respirador. A maldito aire almacenado. Su alma hace tiempo encadenada lucha por salir, pero él está viejo, cansado, malhumorado. No quiere morir. No quiere morir por nada del mundo, desea con todas sus fuerzas volver atrás y vivir, cumplir sus sueños (todos bien recolectados y ordenados). Pero él no es nada. No puede luchar porque no puede decidir. Porque no es nada, ni existe. Ni respira.  

Azul

Finalmente. La fe ha muerto y se ha desvanecido en un azul cobalto maravilloso. Unos últimos destellos, brillantes, impertinentes, y ya no está. Es irrecuperable al menos en su color inicial. Puedes arañar, hurgar en la madera a ver si aparece algo de verde, de rojo, de amarillo, pero lo más seguro es que te encuentres para siempre en una inmensidad de azul. Es pacífico y no te molestará, decorará bien tu casa. Brochazo a brochazo verás qué hermoso es ese azul de muerte, de fin. Mirarás en tus paredes el infinito y habrá restos de fe por un lado y por otro. Las esquinas crearán sombras peligrosas, puede ser. No hay fe que valga nunca más. 

martes, 15 de octubre de 2013

Poca certeza de la luz del día

Todo está dicho. No se puede ser salvaje, ni divertido, ni sarcástico, ni bueno, ni malo, ni sensual ni provocador. Todo está hecho. No queda más remedio que aprender a soportar estas cuatro paredes, dos con las piernas y dos con los brazos, y si llegas, tratar con la lengua de escribir un mensaje que perdure hasta mañana. Todo está muerto. Nada existe. Nada es cierto. 

lunes, 14 de octubre de 2013

Sólo un momento

Pasa los dedos por encima, suavemente, que se deslicen por la memoria. Toca con cuidado, es una textura delicada que se modifica en un suspiro. Agarra en esa neblina aquello que te hace feliz, y no lo sueltes jamás. Porque el resto no vale, el cuerpo se muere y el alma se quiebra a golpes. El recuerdo, el instante fotografiado con cuidado, sigue ahí si cierras los ojos y con la mano firme, lo recoges. Es tuyo para siempre y nadie te lo puede quitar. Puedes vivir siempre de un instante si lo deseas, beber cada día y restaurar meticulosamente las capas que van perdiendo color, relieve. Es tuyo para siempre.