domingo, 24 de noviembre de 2013

Maya


Maya se había sentado en el centro de aquél universo hacía mucho tiempo ya. Las cosas solían revolotear a su alrededor, de vez en cuando la golpeaban sin poder evitarlo. Las luces iban y venían y las cosas flotaban. Su sitio era el centro de todo, allí había colocado un trono inmenso, mullido, desde donde lo veía y lo oía todo. Sin embargo, su dominio sobre todas las cosas la cansaba, y no siempre tenía fuerzas para atender a todo lo que pasaba en el universo. Por eso a veces los libros la golpeaban, las personas la pisaban sin querer o de repente llovía. Ella miraba hacia arriba y medio se despertaba, agotada, para dejarse mojar por el agua. Había algún momento en que deseaba que en aquél universo no hubiera cosas ni personas, ni animales ni emociones, ni vegetación ni fenómenos atmosféricos. Visualizaba un blanco infinito que lo devoraba todo y escuchaba el silencio dentro de su cabeza. Entonces ella era feliz. Pero ser la reina de su propio universo comportaba estar siempre en el centro, siempre a la expectativa, siempre inmóvil. Agitaba los brazos y se revolvía en su sillón aterciopelado, hacía crujir sus huesos para oírse. Finalmente paraba, se calmaba, se desesperaba, porque sabía que aquél era su lugar para siempre jamás. Y miraba hacia arriba y llovía otra vez.  

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La verdad no existe

La verdad no existe, sólo hoy y ahora y toca y siente. Mires donde mires, todo es falso y artificio, es un mundo construido en cristal, impecable cristal, tan impecable que te parece que ves el cielo de verdad. Pero es cristal, siempre es cristal, pulido, transparente, invisible al ojo medio. Casi te parece poder pasar la mano a través de sus partículas, pero ah, olvidabas que el cristal es sólido.

La verdad no existe, sólo amo, y siento, y lloro. Y pueden caer cristales fragmentados desde arriba y cortarnos, hacernos sangrar, y aún nos preguntaremos: ¿cómo ha podido pasar? Todo pasa por una razón, y esa razón es que ni tú, ni yo, ni él, estamos prestando atención.

La verdad no existe, sólo calla, mentirosa. Nadie está interesado en saber qué es cierto y qué no. A quién le interesa. A nadie.

Vive la mentira, vívela, pero vívela bien.  

Recomendación y agradecimiento

Hoy hago una entrada especial para recomendar a una amiga de facultad que ha creado recientemente su propio blog: Books&Movies: Lo imprescindible en libros y películas
Como ella bien aclara, su blog va dirigido «a todas aquellas mujeres que no se conforman con “libros para mujeres” ni películas “de perfil femenino”». Era la más elegante de la clase, con eso lo digo todo, y su gusto es impecable, así que espero que la visitéis a menudo y que os guste mucho.  

Aprovecho además para agradecer a aquellos que me leen su incansable valor, son más de dos años ya de París es una fiesta, de pensamientos, de bromas, de relatos, y aquí sigo. Al pie del cañón. Querría decir que nunca me cansaré de escribir, pero me parece demasiado presuntuoso, así que diré mejor que, por ahora, escribir es mi auténtica pasión y no pienso parar. 

Además, os animo a comentar en las entradas, si hay algo que creéis que puedo mejorar, afirmaciones con las que no estáis de acuerdo o simplemente ideas que os gustaría compartir, aquí estoy. Escribo pero también leo, y con muchísimo gusto. 

Muchas gracias de nuevo y... que París os acompañe. 

 «You belong to me and all Paris belongs to me and I belong to this notebook and this pencil». Ernest Hemingway, A Moveable Feast

Iris. 

martes, 5 de noviembre de 2013

Horror

Ciertas cosas producen horror. Es horror ir a ver qué hay en tu nevera y encontrar un trozo de queso mugriento y verde, que ha inundado la cocina de hedor en dos segundos. Es horror encontrar el mismo olor en los calzoncillos de un hombre. Es horror que alguien te dé lecciones de moral recién salido de la prisión por doble asesinato. Es horror que los demás le den más crédito por ello. No juzguéis si no queréis ser juzgados, eso me enseñaron a mí de pequeña.

Oh, qué pestilente, qué horror. 


"El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra". Evangelio de San Juan, 8:7. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

Querías que te amara, pero era demasiado hasta para mí.

Una máquina tragaperras, reluciente y ruidosa, luces y color sólo para ti. Dale a la palanca y elévala luego, lame las monedas, entra en parada. El corazón va muy rápido, el sudor cae por tu cara asqueroso, te pasas la mano y la secas en tu camisa chorreante. Bebes. Un escalofrío porque la bebida está muy fría. Bum, bum, bum, parece que se vaya a salir del pecho, casi duele. Otra gota de sudor al suelo. Lames otra moneda, le das otra vez. La música hace rato que te ha ensordecido, te escuecen los ojos, parpadeas a menudo porque están secos como un desierto. Respiras profundo y te pones la mano en el pecho: bum, bum, bum. Ahí está de nuevo el pasar de imágenes, el esperar, la contención. Campana, campana, campana. Quieres sonreír pero un dolor demasiado fuerte hasta para el whisky recorre tu brazo izquierdo. La música se apaga de repente, pones esa cara de horror y caes al suelo tieso. 
Bonito espectáculo para una noche de sábado. 


Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me - The Smiths