viernes, 10 de enero de 2014

El sueño

Se abre el desierto de las emociones, donde el sol cae abrasador y cuesta respirar. La presión te oprime el pecho, intentas inhalar profundo pero sólo haces un patético ruido inútil. Te tumbas en la arena, te dejas escaldar el cuerpo. Abres la boca y tragas tierra, intentas saborear algo que se parezca a la vida. Y te quedas así, allí, luchando por sobrevivir.

En un momento dado abres los ojos. Estás en tu cama, donde siempre, te agarras con terror a las sábanas. Sabes que ha sido un sueño, que te levantarás cuando suene el despertador, irás a trabajar, saldrás con tu gente e intentarás ser feliz. Sin embargo, algo de la ansiedad del sueño se queda contigo, una ligera opresión. Te agarras fuerte del pecho y dejas que las lágrimas caigan por tu rostro, poco a poco, que te liberen de la memoria que te ata al dolor. Poco a poco, poco a poco. Tocas tu cama otra vez y te das cuenta: estás vivo, respiras, ves, oyes. El mundo se ha puesto en marcha y no hay tiempo de quedarse parado. Corres hacia la puerta medio vestido y tú y tu sufrimiento salís disparados para coger el tren.

Ves un poco de sangre por el camino pero no te alarmas. Alguien lo recogerá. Alguien lo limpiará. 

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